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Abril de 2021

Ruido máquinas. Doña Esther- ay, qué es ese modernismo tan horrible-

Voz abuela contando su llegada a la fábrica


Mariela Monsalve, mi abuela, se fue de la finca de sus padres para ser obrera en una fábrica en Bello durante las décadas del 40 y el 50.

Voz abuela contando su decisión de ir a trabajar y lo que sus padres dijeron.

Su historia se asemeja a la de otras mujeres obreras como doña Esther Zapata, doña María Isabel Agudelo, doña Aurora González, doña Ana María Rodríguez y doña Laura Rosa Gutiérrez: niñas y mujeres campesinas que llegaban a la ciudad buscando trabajo en la fábrica.

Ahondar en sus relatos, es reconocer la existencia de mujeres que por un momento de su vida, pisaron otros espacios y desempeñaron otros papeles en la sociedad y en sus familias distintos a los que el andamiaje romántico y paternalista que sustenta la historia antioqueña les ha legado. 

 Las grandes fábricas de la industria Antioqueña fueron fundadas por hombres
 

Las grandes fábricas de la industria Antioqueña fueron levantadas por mujeres
 

En el álbum de Mariela hay una serie de fotos que no coinciden con las escenas que normalmente aparecerían en el álbum familiar. Son imágenes de grupos de mujeres sonrientes. Amigas y colegas de mi abuela durante el tiempo que laboró en la fábrica. 

Voz abuela explicando los paseos de la fábrica


 

Ninguna de estas fotos toma lugar dentro de la fábrica, y es a partir de estas presencias y ausencias que ha transcurrido nuestra conversación sobre su vida; en la cocina de su casa, mientras tomamos tinto hirviendo y escuchamos música vieja. 

 

Voz abuela- los zapatos no duraban nada, cómo era llegar a la fábrica todos los días. 

Trabajaba en la sede de arriba, la que fue la primera textilera fundada en 1902 y que 37 años después fue absorbida por una segunda fábrica que ahora la empleaba. No conoce los pormenores ni sabe de la huelga que hubo en 1920 cuando, décadas antes de que ella trabajara allí, un grupo de mujeres se rebelaba contra las condiciones laborales. En su pliego incluían, entre otras cosas, que despidieran a los capataces que las acosaban sexualmente, que se redujera la jornada de más de doce horas de trabajo, que se les diera una hora de almuerzo y que las dejaran usar zapatos. 

En los primeros años de la segunda fábrica había más mujeres que hombres

En 1923: 103 mujeres 43 hombres 

En 1928: 128 mujeres 39 hombres

En 1938: 380 mujeres 254 hombres

En 1943, un año antes de que Mariela entrara, 1132 mujeres 857 hombres. 

Para este tiempo las condiciones de las obreras habían mejorado y ahora eran cuidadas celosamente por su padre fabril. Dentro de los gestos paternales que caracterizaban a la fábrica estuvo la fundación del patronato, un espacio que acogía a las obreras que llegaban del campo: allí se les daba alojamiento y comida a cambio de una pequeña suma de dinero y de obedecer un estricto régimen de cuidado a cargo de las hermanas de la Presentación.

Tenían un perro llamado Fabricato.

Los horarios de  trabajo de Mariela variaban, el que más le costaba comenzaba a las cuatro de la mañana.

 

Voz de la abuela contando cuando se trasnochaba oyendo tangos

 

En el afán de conseguir excusas médicas para los días en que se levantaba tarde se hizo sacar dos muelas buenas. Esta historia siempre la cuenta entre risas y termina con un: mi vida fue muy dura. Sin embargo, el trabajo de la fábrica no se le hacía tedioso. Se sentía tan segura allá arriba que bailaba. Le enseñaba a cantar el botecito a sus compañeras y por eso se ganó varios regaños del vigilante pero siempre fue considerada una buena trabajadora.  Con orgullo cuenta que cuando renunció le rogaron para que no se fuera. 

 

Voz de la abuela contando por qué se salió de la fábrica

 

Sin embargo era más común que las renuncias estuvieran motivadas por el matrimonio. 

En muchas de las empresas del Valle de Aburrá, las obreras no podían seguir trabajando si  decidían casarse o quedaban en embarazo. Por esta razón  muchas dedicaron años de su vida a la fábrica sin tener la posibilidad de recibir una pensión.

Le pregunto a mi abuela si le parecía injusto que no las dejaran casarse y me responde -claro...injusto sí es- .

 

Le pregunto a doña Esther si alguna mujer trató de rebelarse contra esto, si alguna exigió que las dejaran seguir trabajando y me dice que no se les ocurrió hacerlo. Doña Maria Isabel me contó que se casó sin decir nada, a escondidas, con la esperanza de poder seguir y jubilarse, pero alguien la vio y la reportó  en la fábrica.  

 

Para la década del sesenta muchas mujeres fueron despedidas; un modelo traído de Estados Unidos que estandarizaba los tiempos de producción hizo que se arraigara la idea de que las máquinas debían ser operadas por hombres. 

 

En 1965 había 671 mujeres y 4569 hombres. 

 

Las mujeres perdieron su espacio en la fábrica alrededor del año en que se les reconoce su derecho al voto y por ende el estatus de ciudadanas.

 

En la década de los 70, las pocas mujeres que laboran allí no tienen ya que seguir las reglas que rigieron a sus madres: muchas de ellas quedaron en embarazo mientras trabajaban en la fábrica y no por esto fueron despedidas. Dice doña Rosalina que los salones de hilados parecían pabellones de maternidad y que las obreras más antiguas las miraban con recelo y amargura. Probablemente eran mujeres solteras que para conservar su trabajo no se habían casado ni habían tenido hijos, muchas de ellas, además, cuidaban de sus padres y sobrinos luego de su turno en  la fábrica, su jornada laboral no acababa nunca. Esto último lo escucho mientras miramos una foto de doña Rosalina en embarazo al lado de la maquinaria que operaba. 

Mariela me dice que a veces soñaba con el pago de la fábrica, con ese sobrecito café donde le llegaba el dinero mensual. Un sueño de independencia económica y de libertad. Para ella la fábrica es sinónimo de alegría, de paseos, amigas, música y agradecimiento. 

Voz de la abuela

Doña Aurora solo tuvo historias hermosas para transmitir a su hija y Doña Esther le escribe versos de amor 

 

Voz de doña Esther leyendo su poema a Fabricato.

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